sábado, 1 de enero de 2011

Tarde de frío y té.



Se sentó junto al ventanal y, como siempre, pidió un té. 
Bebió un largo sorbo sin esperar siquiera a que se templase un poco, como si quisiese calentarse el alma.
No se percató hasta haber tomado algunos sorbos más de que su té era de limón, y lo detestaba; fue entonces cuando volvió de entre sus pensamientos y recordó de forma borrosa todo cuanto había ocurrido aquella tarde. 
Comenzó a escuchar en su cabeza una voz femenina que le hacia una pregunta, el recuerdo era cercano y poco a poco se dio cuenta de que aquella  camarera le había preguntado por el sabor de su bebida y ella no había respondido. No tuvo tiempo suficiente para pensar como había quedado porque le sobrevino otro recuerdo, seguramente el que la había llevado a ese estado de desorientación.
Este era sin duda alguna, mucho más dulce y transcendental que el anterior, al principio solo veía nieve y farolas, pero no podía dejar de pensar en rosas, rosas rojas pensaba... o azules, que se yo.
Se acercó de nuevo la taza a los labios violáceos a causa del frío y, al tomar otro trago de su repugnante bebida, despertó bruscamente de su estado de confusión, pudiendo así transitar por su memoria y obtener imágenes nítidas.
Ella llevaba viviendo allí poco tiempo, y por las tardes se armaba de guantes, gorro y valor y se lanzaba a pasear por las calles de aquella invernal Inglaterra, para empaparse de la esencia que impregnaba cada esquina, cada detalle y cada... ¡Banco!, claro, ahora lo entendía todo... Las imágenes se revivían una y otra vez, no era una secuencia larga, así que perdió la cuenta de las veces que había repasado aquellas instantáneas.
Aquella manzana estaba plagada de calles anchas terminadas en plazas en las que los niños más valientes jugaban a la pelota pese al gélido ambiente. Pero aquello no era lo que le había llamado la atención, lo habría hecho apenas un mes antes, pero ya no. 
Volvió a examinar la secuencia, esta vez de forma minuciosa y con más idea de lo que buscaba y definitivamente lo encontró.
Había sido aquel chico. Estaba sentado en un banco y acariciaba su guitarra. Entonces vinieron a su cabeza las miradas de extrañeza que le dirigía todo el que se percataba de su presencia. 
Normal, pensó. No era nada corriente ver a alguien de aquella manera teniendo en cuenta el frío que hacía y mucho menos que estuviese tocando la guitarra. 
Repentinamente su mente centró la atención en otro detalle, junto a él, reposaba una libreta que parecía haber visto mucho mundo. Y sobre ella, un bolígrafo y una rosa. La rosa.
Se vislumbró a sí misma desde un tercer plano, vio la forma de la que le había mirado y se sorprendió analizando cada detalle de la curiosa escena. Paró bruscamente su examen cuando él levantó la vista.
Comenzaron a nublarse de nuevo sus recuerdos, pero pudo verificar que debía haber ido acercándose como una zombie y que cuando la miró estaba tan solo a unos escasos tres metros de él.
Por primera vez en algo más de un mes, sintió calor en sus mejillas cuando se dio cuenta de lo que había pasado.
Apuró su té y miró sin ver nada a través del ventanal mientras redireccionaba sus pensamientos a aquel momento. ¿Qué tenía aquella estampa para haberla atraído hasta allí? ¿O había sido por ÉL? La última palabra le sonó tan extraña como contundente.
Una cosa estaba clara, el motivo de tanta confusión había sido aquel... llamémoslo encuentro, concretamente esa mirada...
Puso tanta atención en recordar aquel instante que se sobresaltó cuando alguien abrió la ruidosa puerta. Se preparó para recibir una pequeña ráfaga de aire helado que no llegó y volvió a ensimismarse.
Cuando apenas se había envuelto en su exhaustivo análisis, notó un aroma diferente a cualquier fragancia que hubiese percibido anteriormente, su efluvio le hizo apartar la vista del frío panorama que se situaba detrás de
un simple cristal pero que parecía pertenecer ahora a otro mundo y dirigió toda su atención al frente.
Allí estaban. Su libreta, su guitarra, su rosa (roja, por cierto) y él.
Se encontró de frente con aquellos aquellos ojos. Esta vez más cerca que nunca, ligeramente cerrados por la presión que ejercían sobre ellos las mejillas enmarcadas por una deslumbrante sonrisa.
Aquellos ojos profundos que parecían terminar en un lago de caramelo, de color melocotón, como el té que ella solía tomar.


  

2 comentarios:

Yager dijo...

Me encanta como te expresas, tienes bastante talento mujer.
Atentamente un nuevo seguidor :)

Alicia~. dijo...

Oh, muchísimas gracias chico :)
^^