viernes, 16 de septiembre de 2011

Madrugadas.

Un tono, dos, tres. Lo coge. Parece aturdido, estaba dormido. Al fin y al cabo era de esperar. Lo siento, digo. No importa, responde. Y ríe, sin ningún motivo pero es genial. Lo despierto de madrugada y a cambio me regala carcajadas.
No te he llamado para decirte una cosa cualquiera, explico. Y él curioso pregunta. Ya no hay oportunidad de echarse atrás, tampoco estaría bien, no me lo perdonaría nunca. Le he dado tantas vueltas... Se lo digo y sonríe, o eso me parece. Y también esta me parece genial, algo más que algunos dientes (más o menos blancos) dejándose ver entre labios sonrosados.
E imagino que el colmo de la genialidad sería besar su sonrisa.
Intento recordar las palabras, aquel discurso exacto y elaborado. Aquel conjunto de letras perfectamente organizado. Y allí están, todas y cada una de ellas, trastornadas. Y con este desorden han perdido toda la sutileza ¡qué pensaría mi madre! No, definitivamente prefiero no pensar en eso.
Espera paciente a que me pronuncie. Tal vez haya dicho algo, en tal caso no me he enterado. Me decido, respiro hondo una vez, dos. Suspiro y sin titubear digo:
"He imaginado que hacíamos el amor y ha sido fantástico"
No duda, responde esto y lo otro, parece divertido pero no lo tengo muy claro. Y se acabó, ya está, ha salido bien.  Y sonriendo pongo mi particular punto y seguido. Me dejo llevar, me pierdo en su voz.

2 comentarios:

agus; dijo...

Genial el blog, te dejo el mío :) http://andwhatcomesnext.blogspot.com/ Suerte ♥

Sergio dijo...

Sí, soy de esos que prefieren una llamada a deshora a dormir cuando es la hora.